"Fue entonces cuando el Máximo
Artífice, sabiendo que no podía darle a esta
criatura algo que fuese suyo propio, decidió que sería algo común, tomado de todas
las cosas singulares y propias de las demás.
Tomó entonces al Hombre, obra suya imaginada como de naturaleza indeterminada,
lo puso en medio del mundo, y le dijo: “No
te he dado sede, ni figura propia, ni menos
algún peculiar don específico, oh Adán, con
el fin de que seas tú quien de manera libre
escojas, bien por tu voluntad o bien por tu
juicio, lo que tendrás y poseerás respecto
de tu sede y de lo que harás”. Y agregó: “La
naturaleza de las otras criaturas ya ha sido
definida según las prescripciones de las nobles leyes que la constriñen. Para ti, en cambio, no habrá coerción irremediable, pues será tu propio arbitrio, que he puesto en tus
manos, el que predefinirá lo que serás. Te he
puesto en medio del mundo para que desde
allí contemples, con comodidad, todo cuanto
éste contiene. No te he hecho ni celestial ni
terrenal, ni mortal ni inmortal, para que seas
tú mismo, como árbitro y honorable escultor
y modelador, quien puedas darte la mejor
forma que elijas. Podrás entonces degenerar a
la condición inferior de bruto, o podrás regenerar en la condición superior que es divina,
extraída del juicio de tu ánimo. ¡Oh, suma liberalidad de Dios Padre, suma y admirable felicidad del Hombre,
a quien le fue concedido ser lo que elija, ser
lo que quiere ser!."PICO DELLA MIRANDOLA, Oración por la dignidad del hombre.
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miércoles, 11 de septiembre de 2019
ORACIÓN DE LA DIGNIDAD DEL HOMBRE. Pico della Mirandola
"Fue entonces cuando el Máximo
Artífice, sabiendo que no podía darle a esta
criatura algo que fuese suyo propio, decidió que sería algo común, tomado de todas
las cosas singulares y propias de las demás.
Tomó entonces al Hombre, obra suya imaginada como de naturaleza indeterminada,
lo puso en medio del mundo, y le dijo: “No
te he dado sede, ni figura propia, ni menos
algún peculiar don específico, oh Adán, con
el fin de que seas tú quien de manera libre
escojas, bien por tu voluntad o bien por tu
juicio, lo que tendrás y poseerás respecto
de tu sede y de lo que harás”. Y agregó: “La
naturaleza de las otras criaturas ya ha sido
definida según las prescripciones de las nobles leyes que la constriñen. Para ti, en cambio, no habrá coerción irremediable, pues será tu propio arbitrio, que he puesto en tus
manos, el que predefinirá lo que serás. Te he
puesto en medio del mundo para que desde
allí contemples, con comodidad, todo cuanto
éste contiene. No te he hecho ni celestial ni
terrenal, ni mortal ni inmortal, para que seas
tú mismo, como árbitro y honorable escultor
y modelador, quien puedas darte la mejor
forma que elijas. Podrás entonces degenerar a
la condición inferior de bruto, o podrás regenerar en la condición superior que es divina,
extraída del juicio de tu ánimo. ¡Oh, suma liberalidad de Dios Padre, suma y admirable felicidad del Hombre,
a quien le fue concedido ser lo que elija, ser
lo que quiere ser!."PICO DELLA MIRANDOLA, Oración por la dignidad del hombre.domingo, 4 de mayo de 2008
¿SOMOS LIBRES? (III)
Todos los hombres se piensan libres en cuanto a la voluntad. Por eso los juicios todos recaen sobre las acciones consideradas como hubieran debido ocurrir aun cuando no hayan ocurrido. Sin embargo, esta libertad no es un concepto de experiencia, y no puede serlo, porque permanece siempre, aun cuando la experiencia muestre lo contrario de aquellas exigencias que, bajo la suposición de la libertad, son representadas como necesarias. Por otra parte, es igualmente necesario que todo cuanto ocurre esté determinado indefectiblemente por leyes naturales, y esta necesidad natural no es tampoco un concepto de experiencia, justamente porque en ella reside el concepto de necesidad y, por tanto, de un conocimiento a priori. Pero este concepto de naturaleza es confirmado por la experiencia y debe ser inevitablemente supuesto, si ha de ser posible la experiencia, esto es, el conocimiento de los objetos de los sentidos, compuesto según leyes universales. Por eso la libertad es sólo una idea de la razón, cuya realidad objetiva es en sí misma dudosa; la naturaleza, empero, es un concepto del entendimiento que demuestra, y necesariamente debe demostrar, su realidad en ejemplos de la experiencia.
De aquí nace, pues, una dialéctica de la razón, porque, con respecto de la voluntad, la libertad que se le atribuye parece estar en contradicción con la necesidad natural; y en tal encrucijada, la razón, desde el punto de vista especulativo, halla el camino de la necesidad natural mucho más llano y practicable que el de la libertad; pero desde el punto de vista práctico es el sendero de la libertad el único por el cual es posible hacer uso de la razón en nuestras acciones y omisiones; por lo cual ni la filosofía más sutil ni la razón común del hombre pueden nunca excluir la libertad. Hay, pues, que suponer que entre la libertad y necesidad natural de unas y las mismas acciones humanas no existe verdadera contradicción; porque no cabe suprimir ni el concepto de naturaleza ni el concepto de libertad.
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