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martes, 21 de enero de 2014

PERFIL DEL FILÓSOFO, PLATÓN

En primer lugar, comenzaremos diciendo que aquéllos [los filósofos] desconocen desde su juventud el camino que conduce al ágora y no saben dónde están los tribunales ni el consejo ni ningún otro de los lugares públicos de reunión que existen en las ciudades. No se paran a mirar ni prestan oídos a nada que se refiera a leyes o a decretos, ya se den a conocer oralmente o por escrito. Y no se les ocurre ni en sueños participar en las intrigas de las camarillas para ocupar los cargos, ni acuden a las reuniones ni a los banquetes y fiestas que se celebran con flautistas.
Además, el hecho de que alguien en la ciudad sea de noble o baja cuna o haya heredado alguna tara de sus antepasados, por parte de hombres o mujeres, le importa menos, como suele decirse, que las copas de agua que hay en el mar. Ni siquiera sabe que desconoce todo esto, ya que no se aleja de ello para granjearse una buena reputación. Ocurre, más bien, que en realidad sólo su cuerpo está y reside en la ciudad, mientras que su pensamiento estima que todas estas cosas tienen muy poca o ninguna importancia y vuela por encima de ellas con desprecio. Como decía Píndaro, él se adentra «en las profundidades de la tierra» y lo mismo se interesa por
su extensión, cuando se dedica a la geometría, que va «más allá de los cielos» en sus estudios astronómicos. Todo lo investiga buscando la naturaleza entera de los seres que componen el todo, sin detenerse en ninguna de las cosas que le son más próximas.
(Platón, Teeteto)

LA FILOSOFÍAPRODUCE AUTOCONOCIMIENTO, PLATÓN.

“Si, por otra parte, digo que el mayor bien para un hombre es precisamente éste, tener conversaciones cada día acerca de la virtud y de los otros temas de los que vosotros me habéis oído dialogar cuando me examinaba a mí mismo y a otros, y si digo que una vida sin examen no tiene objeto vivirla para el hombre, me creeréis aún menos.”
(Platón, Apología de Sócrates)

miércoles, 29 de diciembre de 2010

PLATÓN. La República.

Platón (427 a. C. – 347 a. C.)

-[...] Recordando la semejanza entre el Estado y el hombre, observa a cada uno por turno y dime lo que experimenta cada cual.
-¿Qué experimentan?
-Para hablar primeramente del Estado, ¿dirás que el gobernado tiránicamente es libre o que es esclavo?
-Esclavo, como el que más.
-No obstante, ves en él amos y hombres libres.
-Sí, en pequeño número; pero puede decirse que el conjunto, incluyendo la mejor parte, está allí sometido a la esclavitud de modo deshonroso y desdichado.
-Ahora bien, si el hombre es similar al Estado, ¿no se dará forzosamente en él la misma disposición? ¿No colmará su alma de esclavitud en abundancia y falta de libertad? No estarán esclavizadas las mejores partes del alma, mientras una parte pequeña, la peor y más enloquecida, ejerce el señorío?
-Necesariamente.
-¿Y qué dirás que es semejante al alma? ¿Esclava o libre?
-Esclava, sin lugar a dudas.
-Y un Estado esclavo y tiranizado ¿no es el que menos hace lo que quiere?
-Ciertamente.
-Por consiguiente, el alma tiranizada será la que menos hace lo que quiere; me refiero al alma como todo: arrastrada sin cesar por la pasión en forma violenta, estará llena de turbación y remordimiento.
-No podría ser de otro modo.
-¿Y qué es forzoso que sea el Estado tiranizado, rico o pobre?
-Pobre
-También es forzoso que el alma tiranizada esté necesitada e insatisfecha.
-Así es.
-¿Y no es necesario que tal Estado y tal hombre están llenos de temor?
-Muy necesario.
-¿Y piensas que hallarás en otro Estado más quejas, gemidos, lamentaciones y sufrimientos que en éste?
-De ningún modo.
-¿Y estimas que puedes encontrar esto más en algún otro hombre que en quien, como tirano, es enloquecido ‘por sus deseos y amores?
-No veo cómo.
-Por lo tanto, ha sido mirando a todas estas cosas, y a otras de la misma índole, que has juzgado que este Estado es el más desdichado de los Estados.
-¿Y no ha sido acaso correctamente?
-Sí, por cierto. Y respecto del hombre tiránico, ¿qué dices al mirar estas mismas cosas?
-Que es mucho más desdichado que todos los demás hombres.


Platón: República, Libro IX, 477c-478c

domingo, 6 de diciembre de 2009

EXAMEN DE FILOSOFÍA.Cuestiones resueltas.(IV).3ªCUESTIÓN.

3ª. Redacción: Conocimiento y gobierno en Platón.

(Aquí dejo un esquema de cómo podría estructurarse una redacción).

Podríamos empezar con estas o parecidas preguntas:

Se nos pide en esta redacción que realicemos una reflexión sobre el conocimiento y su relación con el gobierno en la filosofía de Platón. Pero, ¿en qué consiste esta posible relación? ¿Tal vez haya que adquirir un determinado tipo de conocimiento especial para poder gobernar? ¿Acaso no puede gobernar cualquier componente de la polis?. (Si re resulta complicado comenzar así, puedes hacerlo de esta otra manera.)
En el momento de empezar a redactar conviene señalar adónde queremos llegar, cuál es el propósito de nuestra redacción. En este caso es muy claro: establecer la relación entre el conocimiento y la función de gobierno. Este es el problema planteado. La filosofía y la política son el tema fundamental, y por tanto, tenemos que ser capaces de tejer un hilo conductor que nos muestre la importancia del conocimiento para poder desarrollar una justa labor de gobierno. Para ello comenzaremos con una breve introducción que describa el descontento de Platón ante la situación política de su época, para después dar paso a explicar la propuesta platónica que como veremos pasará por la educación.
Platón estaba sumamente descontento con la situación política que tuvo que vivir. No tenía confianza alguna en el sistema democrático, sobre todo tras la condena a muerte de su maestro Sócrates y la gran incompetencia de todos aquellos que habían adquirido el poder. (Aquí puede desarrollarse un poco más, teniendo en cuenta que el examen dura 1’30 minutos). Ante este descontento, Platón no se conformaba con una mera reforma política sino que lo que hace es proyectar un Estado perfecto o ideal.
Según este planteamiento debe definirse cuál es la propuesta platónica: una ciudad gobernada con justicia. Convendría introducir aquí el concepto de justicia en la polis como armonía de las tres clases sociales, donde cada una debe ocupar el lugar que le corresponde. En esta división tripartita (isomórfica con relación al alma humana), el filósofo es el que tiene que dirigir el Estado. Conviene explicar por qué este debe ser el encargado de hacerlo: es necesario que aquellos que sean capaces de conocer la ide de bien, aquellos que han sido educados adecuadamente gobiernen.
En el desarrollo de esta propuesta puede incorporarse ya el concepto de educación. Podemos (sólo mencionar) el mito de la caverna, en el que se muestra el paso de la ignorancia (sombras) al conocimiento (luz), en el que consiste precisamente la educación. El concepto de educación platónico es muy distinto al de los sofistas, porque para Platón no consiste ésta en imprimir conocimientos, sino de dirigir el alma convenientemente, desde lo que cambia hacia aquello que siempre es: las ideas. Sólo de ellas puede haber conocimiento, porque de las cosas sensibles sólo puede haber opinión.
La conexión con el intelectualismo moral es fundamental, constituye el núcleo de la redacción, (porque explica la “y” de los extremos del título de la redacción): quien conoce las ideas actúa de acuerdo con ellas; la virtud consiste en el conocimiento. La relación, pues, entre conocimiento y gobierno es clara. El buen gobernante, en tanto que conoce la justicia, actuará justamente. Llegar a conocer las ideas es fundamental. Para ello establece una especie de “currículum” académico que ha de seguir el futuro gobernante. Además de la gimnasia y la música propia de los guardianes, de los que son escogidos los gobernantes, habrá que prepararse en el estudio de las matemáticas, como preparación para la dialéctica, que sí será el estudio definitivo para el futuro gobernante.
Por cuanto se ha dicho, la dialéctica se presenta como la enseñanza que buscamos, aquella que, sin recurrir a nada sensible, nos conducirá de idea en idea, a la idea suprema: la idea de Bien.
En conclusión, sólo estarán capacitados para alcanzar una ciudad justa aquellos que teniendo una naturaleza apta para ello y recibiendo una educación adecuada alcancen el conocimiento de la idea de bien y justicia, para entonces plasmarla en la ciudad. El filósofo hará esto por amor a la sabiduría y no al poder.
(Aquí se podría dar acogida a alguna breve crítica al autor).
VALOR Y AL TORO. Si hay alguna duda podéis hacer preguntas en este blog, si puedo la responderé con mucho gusto.

EXAMEN DE FILOSOFÍA.Cuestiones resueltas.(III).2ªCUESTIÓN.

Define los términos “conocimiento” y “virtudes del alma” partiendo de la información que ofrece el texto y complétala con los conocimientos que tengas de la filosofía del autor.

“Conocimiento” y “virtudes del alma”: En el texto viene a decir Platón, que hay una diferencia importante entre la virtud del conocimiento, propia de la parte racional del alma y las otras virtudes o “excelencias” del alma, que son la valentía, propia de la parte irascible, y la moderación, propia de la parte apetitiva. (Estas alusiones muy breves al no estar en el texto, después pueden ser más desarrolladas).Estas dos resultan ser como las virtudes del cuerpo en el sentido de que, si no se poseen, podrían ser adquiridas con el hábito y la práctica.
La virtud del conocimiento, en cambio, “parece pertenecer a algo ciertamente más divino que jamás pierde su poder”; por tanto, es muy diferente de todas las demás. El motivo no es sólo por su carácter innato, sino que además tiene “un gran poder” según esté dirigida: puede resultar muy buena y útil, pero también mala e inútil.

El intelectualismo moral se pone de manifiesto porque el sabio, el auténtica sabio (y no quien posee la facultad pero no la ha dirigido correctamente, usándola para satisfacer toda clase de placeres), actuará con justicia, es decir, podrá gobernar su alma ejerciendo un control sobre las pasiones y los deseos. Esta justicia como armonía y equilibrio, también será análoga a la justicia en la polis, al equilibrio entre las tres clases sociales, cuya dirección desempeñará el filósofo-gobernante.

(Como veis no conviene alargarse excesivamente en completar con lo que tu conoces sobre el autor, también hay que hacer aquí un ejercicio de síntesis).

EXAMEN DE FILOSOFÍA.Cuestiones resueltas.(II).1ªCUESTIÓN.

1ª. Sintetiza las ideas del texto mostrando en tu resumen la estructura argumentativa o expositiva desarrollada por el autor.

El desarrollo de esta cuestión podría ser así, teniendo en cuenta que vuestros exámenes serán de textos más cortos (casi con toda seguridad).

El texto que se nos propone, está ubicado en el famoso libro VII de la República, justo después de la exposición y explicación de la alegoría de la caverna. En el libro VII se aborda la educación que ha de seguir el filósofo, destinado al gobierno de la ciudad.

Parece que el TEMA fundamental que propone este texto es la EDUCACIÓN DEL GOBERNANTE.

En cuanto a la educación se refiere, Platón mantiene la TESIS, contraria a la de otros (probablemente los sofistas) de que la educación no consiste en el aprendizaje de conocimientos impartidos por agentes externos al individuo mismo (primeras líneas del texto), sino que consiste en orientar hacia el ser y el bien, la facultad de conocimiento que tenemos innata cada uno de nosotros, “dejando la tiniebla” y orientándola hacia la luz.
Esto lo ARGUMENTA mostrando que el conocimiento es una facultad innata “y que jamás pierde su poder” queda demostrado en el caso común del malo inteligente. Es mucho más malo el inteligente que tiene su alma orientada a la maldad, porque el contacto con lo malo no le hace perder su inteligencia y agudeza. Por lo tanto la educación consistiría en “la poda y extirpación de esa especie de excrecencias plúmbeas” que “mantienen vuelta hacia abajo la visión del alma” (liberar al alma de lo sensible) y orientar hacia el bien a esas almas inteligentes.
En el tema de quiénes han de ser los futuros gobernantes, Platón mantiene la TESIS de que sólo aquellos que han sido educados pueden aspirar a ser gobernantes de la ciudad y aquellos que han sido educados han de serlo para el bien de la ciudad. Respecto a los segundos ARGUMENTA Platón que no le interesa a la ciudad la felicidad personal de cada uno sino que el bien de la ciudad necesita que cada uno aporte a la misma los “beneficios con los que cada uno pueda ser útil a la comunidad”, con miras a la “unificación del Estado”. Respecto a los primeros, la polis no podría permitir que gobernaran la ciudad aquellos que no han sido orientados, por medio de la educación, hacia un objetivo determinado.

EXAMEN DE FILOSOFÍA.Cuestiones resueltas.(I).TEXTO.

PLATÓN
REPÚBLICA LIBRO VII, 518B-520A.

IV -Es necesario, por tanto -dije-, que, si esto es verdad, nosotros consideremos lo siguiente acerca de ello: que la educación no es tal como proclaman algunos que es. En efecto, dicen, según creo, que ellos proporcionan ciencia al alma que no la tiene del mismo modo que si infundieran vista a unos ojos ciegos.
-En efecto, así lo dicen -convino.
-Ahora bien, la discusión de ahora -dije- muestra que esta facultad, existente en el alma de cada uno, y el órgano con que cada cual aprende deben volverse, apartándose de lo que nace, con el alma entera -del mismo modo que el ojo no es capaz de volverse hacia la luz, dejando la tiniebla, sino en compañía del cuerpo entero- hasta que se hallen en condiciones de afrontar la contemplación del ser e incluso de la parte más brillante del ser, que es aquello a lo que llamamos bien. ¿No es eso?
-Eso es.
-Por consiguiente -dije- puede haber un arte de descubrir cuál será la manera más fácil y eficaz para que este órgano se vuelva; pero no de infundirle visión, sino de procurar que se corrija lo que, teniéndola ya, no está vuelto adonde debe ni mira adonde es menester.
-Tal parece -dijo.
-Y así, mientras las demás virtudes, las llamadas virtudes del alma, es posible que sean bastante parecidas a las del cuerpo -pues, aunque no existan en un principio, pueden realmente ser más tarde producidas por medio de la costumbre y el ejercicio-, en la del conocimiento se da el caso de que parece pertenecer a algo ciertamente más divino que jamás pierde su poder y que, según el lugar a que se vuelva, resulta útil y ventajoso o, por el contrario, inútil y nocivo. ¿O es que no has observado con cuánta agudeza percibe el alma miserable de aquellos de quienes se dice que son malos, pero inteligentes, y con qué penetración discierne aquello hacia lo cual se vuelve, porque no tiene mala vista y está obligada a servir a la maldad, de manera que, cuanto mayor sea la agudeza de su mirada, tantos más serán los males que cometa el alma?
-En efecto -dijo.
-Pues bien -dije yo-, si el ser de tal naturaleza hubiese sido, ya desde niño, sometido a una poda y extirpación de esa especie de excrecencias plúmbeas, emparentadas con la generación, que, adheridas por medio de la gula y de otros placeres y apetitos semejantes, mantienen vuelta hacia abajo la visión del alma; si, libre ésta de ellas, se volviera de cara a lo verdadero, aquella misma alma de aquellos mismos hombres lo vería también con la mayor penetración de igual modo que ve ahora aquello hacia lo cual está vuelta .
-Es natural -dijo.
-¿Y qué? -dije yo-. ¿No es natural y no se sigue forzosamente de lo dicho que ni los ineducados y apartados de la verdad son jamás aptos para gobernar una ciudad ni tampoco aquellos a los que se permita seguir estudiando hasta el fin; los unos, porque no tienen en la vida ningún objetivo particular apuntando al cual deberían obrar en todo cuanto hiciesen durante su vida pública y privada y los otros porque, teniéndose por transportados en vida a las islas de los bienaventurados, no consentirán en actuar?
-Es cierto -dijo.
-Es, pues, labor nuestra -dije yo-, labor de los fundadores, el obligar a las mejores naturalezas a que lleguen al conocimiento del cual decíamos antes que era el más excelso y vean el bien y verifiquen la ascensión aquella; y, una vez que, después de haber subido, hayan gozado de una visión suficiente, no permitirles lo que ahora les está permitido.
-¿Y qué es ello?
-Que se queden allí -dije- y no accedan a bajar de nuevo junto a aquellos prisioneros ni a participar en sus trabajos ni tampoco en sus honores, sea mucho o poco lo que éstos valgan.
-Pero entonces -dijo-, ¿les perjudicaremos y haremos que vivan peor siéndoles posible el vivir mejor?
V -Te has vuelto a olvidar , querido amigo -dije-, de que a la ley no le interesa nada que haya en la ciudad una clase que goce de particular felicidad, sino que se esfuerza por que ello le suceda a la ciudad entera y por eso introduce armonía entre los ciudadanos por medio de la persuasión o de la fuerza, hace que unos hagan a otros partícipes de los beneficios con que cada cual pueda ser útil a la comunidad y ella misma forma en la ciudad hombres de esa clase, pero no para dejarles que cada uno se vuelva hacia donde quiera, sino para usar ella misma de ellos con miras a la unificación del Estado.
-Es verdad -dijo-. Me olvidé de ello.

martes, 24 de noviembre de 2009

LÍMITES DEL ESTADO. ¿Debemos desobedecer las leyes injustas? (III)

Platón, Critón.

Sócrates -Considéralo de este modo. Si cuando nosotros estemos a punto de escapar de aquí, o como haya que llamar a esto, vinieran las leyes y el común de la ciudad y, colocándose delante, nos dijeran:
«Dime, Sócrates, ¿qué tienes intención de hacer? ¿No es cierto que, por medio de esta acción que intentas, tienes el propósito, en lo que de ti depende, de destruirnos a nosotras y a toda la ciudad? ¿Te parece a ti que puede aún existir sin arruinarse la ciudad en la que los juicios que se producen no tienen efecto alguno, sino que son invalidados por particulares y quedan anulados?» ¿Qué vamos a responder, Critón, a estas preguntas y a otras semejantes? Cualquiera, especialmente un orador, podría dar muchas razones en defensa de la ley, que intentamos destruir, que ordena que los juicios que han sido sentenciados sean firmes. ¿Acaso les diremos: «La ciudad ha obrado injustamente con nosotros y no ha llevado el juicio rectamente»? ¿Les vamos a decir eso?
Critón - Sí, por Zeus, Sócrates.
Sócrates - Quizá dijeran las leyes: «¿Es esto, Sócrates, lo que hemos convenido tú y nosotras, o bien que hay que permanecer fiel a las sentencias que dicte la ciudad?» Si nos extrañáramos de sus palabras, quizá dijeran: «Sócrates no te extrañes de lo que decimos, sino respóndenos, puesto que tienes la costumbre de servirte de preguntas y respuestas. Veamos, ¿qué acusación tienes contra nosotras y contra la ciudad para intentar destruimos? En primer lugar, ¿no te hemos dado nosotras la vida y, por medio de nosotras, desposó tu padre a tu madre y te engendró? Dinos, entonces, ¿a las leyes referentes al matrimonio les censuras algo que no esté bien?» «No las censuro», diría yo. «Entonces, ¿a las que se refieren a la crianza del nacido y a la educación en la que te has educado? ¿Acaso las que de nosotras estaban establecidas para ello no disponían bien ordenando a tu padre que te educara en la música y en la gimnasia?» «Sí disponían bien», diría yo. «Después que hubiste nacido y hubiste sido criado y educado, ¿podrías decir, en principio, que no eras resultado de nosotras y nuestro esclavo, tú y tus
ascendientes? Si esto es así, ¿acaso crees que los derechos son los mismos para ti y para nosotras, y es justo para ti responder haciéndonos, a tu vez, lo que nosotras intentemos hacerte? Ciertamente no serían iguales tus derechos respecto a tu padre y respecto a tu dueño, si lo tuvieras, como para que respondieras haciéndoles lo que ellos te hicieran, insultando a tu vez al ser insultado, o golpeando al ser golpeado, y así sucesivamente. ¿Te sería posible, en cambio, hacerlo con la patria y las leyes, de modo que si nos proponemos matarte, porque lo consideramos justo, por tu parte intentes, en la medida de tus fuerzas, destruimos a nosotras, las leyes, y a la patria, y afirmes que al hacerlo obras justamente, tú, el que en verdad se preocupa de la virtud? ¿Acaso eres tan sabio que te pasa inadvertido que la patria merece más honor que la madre, que el padre y que todos los antepasados, que es más venerable y más
santa y que es digna de la mayor estimación entre los dioses y entre los hombres de juicio? ¿Te pasa inadvertido que hay que respetarla y ceder ante la patria y halagarla, si está irritada, más aún que al padre; que hay que convencerla u obedecerla haciendo lo que ella disponga; que hay que padecer sin oponerse a ello, si ordena padecer algo; que si ordena recibir golpes, sufrir prisión, o llevarte a la guerra para ser herido o para morir, hay que hacer esto porque es lo justo, y no hay que ser débil ni retroceder ni abandonar el puesto, sino que en la guerra, en el tribunal y en todas partes hay que hacer lo que la ciudad y la patria ordene, o persuadirla de lo que es justo; y que es impío hacer violencia a la madre y al padre, pero lo es mucho más aún a la patria?» ¿Qué vamos a decir a esto, Critón? ¿Dicen la verdad las leyes o no?
Critón - Me parece que sí.

lunes, 17 de noviembre de 2008

EL MITO O ALEGORÍA DE LA CAVERNA

Aquí os dejo un buen resumen del mito o la alegoría de la caverna. Las ilustraciones son muy buenas. Prestad mucha atención a las tres interpretaciones o perspectivas desde las que se puede leer la alegoría.

lunes, 14 de abril de 2008

RELACIÓN ALMA-CUERPO

Sócrates. - Mientras tengamos cuerpo y nuestra alma esté entremezclada con las miserias de éste, no podremos poseer jamás el objeto de nuestro deseo de una manera que nos satisfaga - y ese objeto, lo declaramos sin rodeos, es la verdad -. En efecto, el cuerpo nos produce mil preocupaciones por la necesidad que tenemos de cuidarlo, y si nos sobrevienen enfermedades nos vemos estorbados en nuestra búsqueda de lo real. El cuerpo nos inunda hasta tal punto de amores, de deseos, de temores, de imaginaciones de toda especie, de tantas futilidades, que, como en verdad se dice, todo pensamiento importante nos es robado por ese cuerpo.
Platón, Fedón, 66b-67b.