martes, 21 de enero de 2014

LA FILOSOFÍA COMO BÚSQUEDA, KARL JASPERS

“La palabra griega filósofo (philosophos) se formó en oposición a sophos, Se trata del amante del conocimiento (del saber) a diferencia de aquel que estando en posesión del conocimiento se llamaba sapiente o sabio. Este sentido de la palabra ha persistido hasta hoy: la busca de la verdad, no la posesión de ella, es la esencia de la filosofía (…). Filosofía quiere decir: ir de camino. Sus preguntas son más esenciales que sus respuestas, y toda respuesta se convierte en una nueva pregunta.”
(K. Jaspers, La filosofía)

LA FILOSOFÍA COMO SISTEMA, ORTEGA Y GASSET

“Todo lo que es y está ahí, cuando nos es dado, presente, patente, es por su esencia mero trozo, pedazo, fragmento, muñón (…) Siempre que vemos algo, este algo se presenta sobre un fondo latente —el mundo, el mundo de que forma parte, de que es sólo pedazo (…) Parejamente, el mundo que hallamos es, pero, a la vez, no se basta a sí mismo, no sustenta su propio ser, grita lo que le falta, proclama su no-ser y nos obliga a filosofar; porque esto es filosofar, buscar al mundo su integridad, completarlo en universo y a la parte construirle un todo donde se aloje y descanse. Es el mundo un
objeto insuficiente fragmentario, un objeto fundado en algo que no es él, que no es lo dado. Ese algo tiene, pues, una misión sensu stricto fundamentadora, es el ser fundamental”.

(J. Ortega y Gasset, ¿Qué es filosofía?)

LA FILOSOFÍA COMO CIENCIA SIN SUPUESTOS, ORTEGA Y GASSET

“Filosofía es conocimiento del universo o de todo cuanto hay. Ya vimos que esto implicaba para el filósofo la obligación de plantearse un problema absoluto, es decir, de no partir tranquilamente de creencias previas, de no dar nada por sabido anticipadamente (…) Esta situación del filósofo, que va aneja a su extremo heroísmo intelectual y que sería tan incómoda si no le
llevase a ella su inevitable vocación, impone a su pensamiento lo que llamo principio de autonomía. Significa este principio metódico la renuncia a apoyarse en nada anterior a la filosofía misma que se vaya haciendo y al compromiso de no partir de verdades supuestas. Es la filosofía una ciencia sin suposiciones. Entiendo por tal un sistema de verdades que se ha construido sin admitir como fundamento de él ninguna verdad que se da por
probada fuera de ese sistema (…) Pero una vez que en virtud del principio autonómico se ha replegado el filósofo sobre aquellas poquísimas verdades primeras de que ni aun teóricamente cabe dudar, y que por ello se prueban y comprueban a sí mismas, tiene que volverse cara al universo y conquistarlo, abarcarlo íntegro (…) Frente a este principio ascético de repliegue cauteloso que es la autonomía actúa un principio de tensión opuesta: el universalismo, el afán intelectual hacia el todo, lo que yo llamo pantonomía”.
(J. Ortega y Gasset, ¿Qué es filosofía?)

LA FILOSOFÍA COMO PERSPECTIVA, ORTEGA Y GASSET

“Desde distintos puntos de vista dos hombres miran el mismo paisaje. Sin embargo, no ven lo mismo. La distinta situación hace que el paisaje se organice entre ambos de distinta manera. Lo que para uno ocupa el primer término y acusa con vigor todos sus detalles, para el otro se halla en el último y queda oscuro y borroso. Además, como las cosas puestas unas detrás de otras se ocultan en todo o en parte, cada uno de ellos percibirá porciones del paisaje que al otro no llegan. ¿Tendría sentido que cada cual
declarase falso el paisaje ajeno? Evidentemente, no; tan real es el uno como el otro. Pero tampoco tendría sentido que puestos de acuerdo, en vista de no coincidir sus paisajes, los juzgasen ilusorios. Esto supondría que hay un tercer paisaje auténtico, el cual no se halla sometido a las mismas
condiciones que los otros dos. Ahora bien, ese paisaje arquetipo no existe ni puede existir. La realidad cósmica es tal que sólo puede ser vista bajo una determinada perspectiva. La perspectiva es uno de los componentes de la realidad. Lejos de ser su deformación, es su organización. Una realidad que, vista desde cualquier punto, resultase siempre idéntica es un concepto absurdo...
Cada pueblo y cada época tienen su alma típica, es decir, una retícula con mallas de amplitud y perfil definidos que le prestan rigurosa afinidad con ciertas verdades e incorregible ineptitud para llegar a ciertas otras. Esto significa que todas las épocas y todos los pueblos han gozado su congrua
porción de verdad, y no tiene sentido que pueblo y época algunos pretendan oponerse a los demás, como si a ellos solos les hubiese cabido en el reparto la verdad entera. Todos ellos tienen su puesto en la serie histórica (…) Hasta ahora la filosofía ha sido siempre utópica. Por eso pretendía cada sistema valer para todos los hombres. Exenta de su dimensión vital, histórica, perspectivista, hacía una y otra vez vanamente su gesto definitivo. La doctrina del punto de vista exige, en cambio, que dentro del sistema vaya articulado la perspectiva vital de que ha emanado, permitiendo así su articulación en otros sistemas futuros o exóticos. La razón pura tiene que ser sustituida por la razón vital donde aquella se localice y adquiera movilidad y fuerza de transformación”.
(J. Ortega y Gasset, El tema de nuestro tiempo)

LA FILOSOFÍA COMO SABER CRÍTICO, DELEUZE

“Cuando alguien pregunta para qué sirve la filosofía, la respuesta debe ser
agresiva ya que la pregunta se tiene por irónica y mordaz. La filosofía no
sirve al Estado, ni a la Iglesia, que tienen otras preocupaciones. No sirve a ningún poder establecido. La filosofía sirve para entristecer. Una filosofía que no entristece o no contraría a nadie no es una filosofía.
Sirve para detestar la estupidez, hace de la estupidez una cosa vergonzosa. Sólo tiene un uso: denunciar la bajeza en todas sus formas.
¿Existe alguna disciplina, fuera de la de filosofía, que se proponga la crítica de todas las mixtificaciones, sea cual sea su origen y su fin? Denunciar todas las ficciones sin las que las fuerzas reactivas no podrían prevalecer. Denunciar en la mixtificación esta mezcla de bajeza y estupidez que forma también la asombrosa complicidad de las víctimas y de los autores. En fin, hacer del pensamiento algo agresivo, activo, afirmativo. Hacer hombres libres, es decir, hombres que no confunden los fines de la cultura con el provecho del Estado, la moral, y la religión. Combatir el resentimiento, la
mala conciencia, que ocupan el lugar del pensamiento. Vencer lo negativo y sus falsos prestigios. ¿Quién, a excepción de la filosofía, se interesa por todo esto?
La filosofía como crítica nos dice lo más positivo de sí misma:
empresa de desmitificación. Y, a este respecto, que nadie se atreva a
proclamar el fracaso de la filosofía. Por muy grandes que sean la estupidez y la bajeza serían aún mayores si no subsistiera un poco de filosofía que, en cada época, les impide ir todo lo lejos que quisieran... pero ¿quién a excepción de la filosofía se lo prohíbe?”
(G. Deleuze, Nietzsche y la filosofía)

VISIÓN ANALÍTICA DE LA FILOSOFÍA, WITTGENSTEIN

“4.112 El objeto de la filosofía es la aclaración lógica del pensamiento.
Filosofía no es una teoría, sino una actividad.
Una obra filosófica consiste esencialmente en elucidaciones.
El resultado de la filosofía no son «proposiciones filosóficas», sino el
esclarecerse de las proposiciones.
La filosofía debe esclarecer y delimitar con precisión los pensamientos
que de otro modo serían, por así decirlo, opacos y confusos.”
(L. Wittgenstein, Tractatus Logico Philosophicus)

PERFIL DEL FILÓSOFO, PLATÓN

En primer lugar, comenzaremos diciendo que aquéllos [los filósofos] desconocen desde su juventud el camino que conduce al ágora y no saben dónde están los tribunales ni el consejo ni ningún otro de los lugares públicos de reunión que existen en las ciudades. No se paran a mirar ni prestan oídos a nada que se refiera a leyes o a decretos, ya se den a conocer oralmente o por escrito. Y no se les ocurre ni en sueños participar en las intrigas de las camarillas para ocupar los cargos, ni acuden a las reuniones ni a los banquetes y fiestas que se celebran con flautistas.
Además, el hecho de que alguien en la ciudad sea de noble o baja cuna o haya heredado alguna tara de sus antepasados, por parte de hombres o mujeres, le importa menos, como suele decirse, que las copas de agua que hay en el mar. Ni siquiera sabe que desconoce todo esto, ya que no se aleja de ello para granjearse una buena reputación. Ocurre, más bien, que en realidad sólo su cuerpo está y reside en la ciudad, mientras que su pensamiento estima que todas estas cosas tienen muy poca o ninguna importancia y vuela por encima de ellas con desprecio. Como decía Píndaro, él se adentra «en las profundidades de la tierra» y lo mismo se interesa por
su extensión, cuando se dedica a la geometría, que va «más allá de los cielos» en sus estudios astronómicos. Todo lo investiga buscando la naturaleza entera de los seres que componen el todo, sin detenerse en ninguna de las cosas que le son más próximas.
(Platón, Teeteto)

LA FILOSOFÍA COMO ADMIRACIÓN, ARISTÓTELES

“Los hombres comenzaron a filosofar al quedarse maravillados ante algo, maravillándose en un primer momento ante lo que comúnmente causa extrañeza y después, al progresar poco a poco, sintiéndose perplejos también ante cosas de mayor importancia, por ejemplo, ante las peculiaridades de la luna, y las del sol y los astros, y ante el origen del todo. Ahora bien, el que se siente perplejo y maravillado reconoce que no sabe (de ahí que el amante del mito sea, a su modo, “amante de la sabiduría”; y es que el mito se compone de maravillas). Así pues, si filosofaron para huir de la ignorancia, es obvio que perseguían el saber por afán de conocimiento y no por utilidad alguna. Por otra parte, así lo atestigua el modo en que sucedió: y es que un conocimiento tal comenzó a buscarse cuando ya existían todos los conocimientos necesarios, y también los relativos al placer y al pasarlo bien. Es obvio, pues, que no la buscamos por ninguna otra utilidad, sino que, al igual que un hombre libre es, decimos, aquel cuyo fin es él mismo y no otro, así también consideramos que ésta es la única
ciencia libre: solamente ella es, en efecto, su propio fin.”
(Aristóteles, Metafísica)

TODAS LAS MUJERES SON FILÓSOFAS Y TODOS LOS HOMBRES SON FILÓSOFOS, K.R POPPER

“Ciertamente, la existencia de problemas filosóficos urgentes y serios, y la necesidad de discutirlos críticamente es, en mi opinión, la única justificación de lo que puede ser llamado filosofía profesional o académica. (...) Todos los hombres y todas las mujeres son filósofos; o, permítasenos decir, si ellos no son conscientes de tener problemas filosóficos, tienen, en cualquier caso, prejuicios filosóficos. La mayor parte de estos prejuicios son teorías que inconscientemente dan por sentadas, o que han absorbido de su ambiente intelectual o de la tradición.
Puesto que pocas de estas teorías son conscientemente sostenidas,
constituyen prejuicios en el sentido de que son sostenidas sin examen crítico, incluso a pesar de que puedan ser de gran importancia para las acciones prácticas de la gente y para su vida entera.
Una justificación de la existencia de la filosofía profesional reside en el hecho de que los hombres necesitan que haya quien examine
críticamente estas extendidas e influyentes teorías. Éste es el inseguro punto de partida de toda ciencia y de toda filosofía. Toda filosofía debe partir de las dudosas y a menudo perniciosas
concepciones del sentido común acrítico. Su objetivo es el sentido común crítico e ilustrado: una concepción más próxima a la verdad, y con una influencia menos perniciosa sobre la vida humana. (...)
Estoy persuadido de que la crítica es la sangre que da vida a la
filosofía; (...) pienso que la principal tarea de la filosofía es especular críticamente sobre el universo y sobre nuestro lugar en él, incluyendo nuestros poderes de conocimiento y nuestros poderes para el bien y para el mal. (...)
Todos los hombres son filósofos porque, de un modo u otro, todos
adoptan una actitud ante la vida y la muerte. Hay quienes piensan que la vida carece de valor porque tiene un final. No piensan que también cabe proponer el argumento opuesto: que si la vida no tuviera final no tendría valor, que es, en parte, el peligro, siempre presente, de perderla lo que nos ayuda a darnos cuenta del valor de la vida.”
(K. R. Popper, Cómo veo la filosofía)

SIEMPRE ES BUENO FILOSOFAR, EPICURO

“Que ninguno por ser joven vacile en filosofar, ni por llegar a la vejez se canse de filosofar. Pues no hay nadie demasiado prematuro ni demasiado retrasado en lo que concierne a la salud de su alma. El que dice que el tiempo de filosofar no le ha llegado o le ha pasado ya, es semejante al que dice que todavía no ha llegado o que ya ha pasado el tiempo para la felicidad. Así que deben filosofar tanto el joven como el viejo; éste para que, en su vejez, rejuvenezca en los bienes por la alegría de lo vivido; aquél para que sea joven y viejo al mismo tiempo por su intrepidez frente al futuro. Es, pues, preciso que nos ejercitemos en aquello que produce la felicidad, si es cierto que, cuando la poseemos, lo tenemos todo y, cuando nos falta, lo hacemos todo por tenerla.”
(Epicuro, Carta a Meneceo)

LA FILOSOFÍA TIENE UN VALOR PRÁCTICO (II), SIMON BLACKBURN

Lo que de verdad hacía bien Sócrates “era mostrar la debilidad de las pretensiones de conocimiento de los demás. Pensar correctamente significa evitar las confusiones, detectar las ambigüedades, centrar la atención en cada cosa por separado, construir argumentos fiables, darse cuenta de las alternativas posibles, y esta clase de cosas.
En resumen: nuestras ideas y conceptos se pueden comparar con las lentes a través de las cuales vemos el mundo. En filosofía, el objeto de estudio es la lente en sí misma. El éxito no depende tanto de lo que podamos saber al término de la investigación como de lo que podemos hacer cuando la cuestión se pone difícil: cuando soplan los vientos de la argumentación y la confusión lo invade todo.
(...) Uno de los Caprichos de Goya lleva por título El sueño de la
razón produce monstruos. Goya creía que buena parte de las locuras de la humanidad eran el resultado del «sueño de la razón». Siempre habrá gente
dispuesta a decirnos qué es lo que queremos, cómo nos lo van a dar y en qué deberíamos creer. Las creencias son contagiosas, y se puede convencer a la gente de casi cualquier cosa. Estamos típicamente convencidos de que nuestra forma de hacer las cosas, nuestras creencias, nuestra religión, nuestros políticos son mejores que los de los demás, o de que los derechos que nos ha otorgado nuestro Dios están por encima de los suyos, o de que
la defensa de nuestros intereses exige maniobras defensivas o ataques preventivos contra ellos. En último término, son estas ideas las que hacen que las personas se maten unas a otras. Ideas sobre cómo son los demás, o sobre quienes somos nosotros o sobre cómo defender nuestros intereses o nuestros derechos, son las que nos llevan a la guerra, nos convierten en opresores sin sentir apenas mala conciencia o incluso hacen que nos resignemos a ser nosotros mismos los oprimidos. Cuando estas creencias van acompañadas del sueño de la razón, el único antídoto es un despertar crítico. La reflexión nos permite dar un paso atrás y tal vez reconocer cuán
ciega o desviada era nuestra anterior forma de ver las cosas, o descubrir por lo menos si existen argumentos en favor de ella o si es simplemente subjetiva.”
(S. Blackburn, Pensar)